En el marco del Mes del Orgullo LGBT+ 2025, miles de personas volverán a tomarse las calles de Chile este fin de semana para alzar la voz, visibilizar nuestras existencias y exigir dignidad frente a un escenario cada vez más hostil. La tradicional marcha del Orgullo no es una celebración vacía, ni una fiesta despolitizada. Es una jornada profundamente política que rememora luchas históricas, que denuncia las violencias actuales y que proyecta esperanzas colectivas hacia un futuro más justo, libre e igualitario para todas las personas, sin importar su orientación sexual, identidad o expresión de género.
La visibilidad de las personas lesbianas, gays, bisexuales, trans, intersex y queer sigue siendo una herramienta urgente y poderosa. En un contexto donde los discursos de odio proliferan en medios de comunicación, redes sociales y tribunas parlamentarias, donde se impulsan proyectos de ley que pretenden suprimir derechos o negar identidades, y donde se incrementan los ataques físicos, simbólicos e institucionales, hacernos visibles no solo es una forma de resistencia: es un acto de amor propio y colectivo.
Durante el último año, se ha observado un preocupante aumento en los casos de acoso escolar, agresiones en espacios públicos y discursos negacionistas que buscan retroceder lo poco que hemos avanzado en términos de igualdad y reconocimiento. Las juventudes LGBT+, especialmente quienes se identifican como personas trans o no binarias, son uno de los grupos más afectados. Son ellas, elles y ellos quienes viven en carne propia la exclusión en sus escuelas, la incomprensión en sus hogares y la violencia en sus barrios. Por eso, este Orgullo también es de y para las juventudes diversas: para afirmar sus derechos, proteger sus vidas y garantizarles entornos seguros para crecer y soñar.
No se puede seguir tolerando que se cuestione su existencia bajo excusas ideológicas, ni que se bloqueen políticas públicas que han demostrado ser efectivas en prevención del suicidio, abandono escolar y violencia estructural. Hoy más que nunca, se requiere una acción decidida del Estado y de la sociedad para construir espacios inclusivos, con enfoque de derechos humanos, interseccionalidad y justicia social.
La educación sexual integral, la salud inclusiva, la ley de identidad de género para adolescentes, la protección frente a crímenes de odio y el acceso a trabajo digno no pueden ser parte de un futuro hipotético. Son necesidades urgentes que deben formar parte de una agenda pública comprometida con la vida digna de todas las personas.
La marcha del Orgullo también es un recordatorio de que la historia de la diversidad sexual y de género ha sido escrita desde la resistencia, desde las luchas contra el silencio del sida, contra las dictaduras que criminalizaron nuestras existencias, contra las democracias que nos excluyeron con leyes omisas y políticas ciegas. Hoy, seguimos en pie para exigir lo que nos corresponde: respeto, acceso, justicia y reparación.
No se trata solo de colores o consignas: se trata de vidas reales. De jóvenes que quieren estudiar sin miedo, de personas mayores que merecen cuidados sin discriminación, de comunidades que han tejido redes de apoyo donde el Estado ha fallado. Se trata de cuidar lo conquistado y de seguir avanzando juntas, juntos y juntes.
Este Orgullo 2025 no es solo una marcha. Es una declaración política: frente al odio, respondemos con más visibilidad; frente al miedo, con más comunidad; frente a la violencia, con más dignidad. Porque existimos, resistimos y seguiremos avanzando.
COMUNICACIONES ACCIONGAY


