¿Debatir o desinformar? Una lectura crítica del libro “Deshacer el cuerpo; Cuatro objeciones a la agenda trans”.

El reciente libro *Deshacer el cuerpo: Cuatro objeciones a la agenda trans*, escrito por Josefina Araos, Daniel Mansuy, Catalina Siles y Manfred Svensson, busca —según sus propios autores— abrir un espacio para la reflexión crítica sobre las políticas de género y el enfoque afirmativo que hoy guía el trabajo con personas trans, especialmente menores de edad.

Pero lo que el texto plantea como una contribución al “pluralismo intelectual”, en realidad opera como una ofensiva argumentativa que erosiona derechos, cuestiona avances fundamentales y siembra sospechas sobre políticas públicas construidas desde el consenso médico científico y los marcos internacionales de derechos humanos.

Como organización que trabaja desde hace décadas por la dignidad y la salud integral de las personas LGBT+, nos parece imprescindible visibilizar las graves omisiones, sesgos y riesgos que esta publicación representa.

Autonomía personal: un derecho, no una teoría

Uno de los problemas centrales del libro es su cuestionamiento a la autodeterminación de género, especialmente en el caso de niñas, niños y adolescentes trans. Los autores critican la Ley de Identidad de Género en Chile y las intervenciones afirmativas en menores, sin reconocer que la autodeterminación no es un capricho ni una ideología, sino un derecho humano protegido internacionalmente.

Los Principios de Yogyakarta (2007), la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (2015) y el ACNUDH (2012) han sido categóricos: toda persona tiene derecho a definir y expresar su identidad de género sin ser patologizada ni sometida a coerción. Ignorar esto es desconocer los tratados internacionales que rigen las obligaciones del Estado chileno.

¿Crítica o negacionismo de derechos?

El texto insinúa que el Estado estaría “acelerando” intervenciones médicas en menores trans sin suficiente reflexión. Pero esa alarma carece de respaldo. No se presentan datos. No se citan estudios. No se contrastan fuentes.

Por el contrario, múltiples investigaciones —como la de Turban et al. (2020)— muestran que las terapias afirmativas en la adolescencia disminuyen los niveles de angustia, ansiedad y riesgo suicida. Ignorar esa evidencia en nombre de la “prudencia” puede traducirse en retrocesos graves para políticas de protección. Es exactamente lo que los tratados de derechos del niño, como la CDN (1989), buscan evitar.

¿Dónde están los cuerpos reales?

El libro tampoco incorpora una mirada interseccional ni reconoce las múltiples formas de exclusión que enfrentan las personas trans. Discriminación escolar, precariedad laboral, violencia familiar, pobreza, abandono institucional. Estos son los contextos desde los que debemos pensar las políticas públicas, no desde laboratorios de ideas desconectados de la realidad.

Cuando un ensayo abstracto borra estos contextos estructurales de exclusión, también borra las luchas y resistencias de quienes habitan esos cuerpos. Como bien señala el informe anual del MOVILH (2023), ser trans en Chile no es un debate filosófico: es una experiencia de sobrevivencia.

Pluralismo no es impunidad argumentativa

Afirmar que las terapias afirmativas podrían ser un “peligro”, sin evidencia y en contradicción con las recomendaciones de organismos como la WPATH (2022) o la APA (2015), no es pluralismo. Es desinformación.

El pluralismo en democracia requiere rigor, evidencia, diálogo. No basta con tener una opinión distinta: hay que demostrarla con datos y responsabilidad. Y en temas tan sensibles como la vida de las personas trans, esa responsabilidad es ética, política y legal.

Una crítica necesaria a la “crítica”

*Deshacer el cuerpo* no solo omite voces fundamentales —como las de activistas, profesionales clínicos, personas trans y sus familias—. También legitima, aunque sea indirectamente, discursos de sospecha que alimentan un clima político hostil hacia las identidades trans.

En un momento en que crecen los discursos de odio y los intentos por revertir avances en derechos sexuales y reproductivos, necesitamos más que nunca una defensa clara de los derechos humanos. La identidad de género no es una moda. No es una agenda. Es una expresión legítima de la diversidad humana, que merece protección, respeto y reconocimiento.

Cerrar filas por los derechos trans

Frente a publicaciones como esta, es necesario levantar la voz. Porque lo que está en juego no es un debate académico: son las vidas y los cuerpos de quienes históricamente han sido expulsados de toda conversación pública.

Desde ACCIONGAY reafirmamos nuestro compromiso con la defensa de la autonomía corporal, el acceso digno a la salud, y el reconocimiento pleno de las identidades trans. No basta con no discriminar: es hora de actuar afirmativamente para garantizar los derechos de quienes han sido negados durante demasiado tiempo.

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